Navarro Valls, testigo de la historia en el gozne de siglos PDF Imprimir E-Mail
escrito por Católico Digital   
domingo, 16 de julio de 2006

Un gran corresponsal de ABC en Roma

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Con el nombramiento del padre Federico Lombardi, hasta ahora director general de Radio Vaticano y del Centro Televisivo Vaticano, se produce no sólo el relevo al frente de la portavocía de la Santa Sede sino el final de dos décadas de auténtica revolución en las relaciones informativas del Vaticano protagonizada por el hombre que escogió Juan Pablo II.

La llegada de Joaquín Navarro Valls al diario ABC de Madrid evidenció bien pronto su estilo. En la saga de los corresponsales míticos del diario, preocupación de sus sucesivos directores en la historia de la democracia, desde José Luis Cebrián Bonet a Luis María Anson, Joaquín Navarro Valls brilló con la fuerza de periodistas de fuste en la historia de la editora Prensa Española (hoy reconvertida en Vocento) como José María Carrascal.

Cuando fue designado al frente del diario ABC en Roma, Joaquín Navarro Valls definió nuevas fronteras para lo que había sido una corresponsalía a la sombra del Coliseo y la plaza de San Pedro. Navarro Valls quiso lo primero explicar las claves de una Italia culta y moderna pero políticamente atormentada por el gran proceso de transformación del magma político de la Democracia Cristiana. También logró que Roma fuera para el diario el nuevo observatorio permanente en el Mediterráneo. Los asuntos de Oriente Medio estuvieron igualmente en su agenda. El otro frente importante, lógicamente, residía en El Vaticano.

La muerte de Juan Pablo I

Pero estas fronteras quedaron pequeñas con la imprevista muerte de Juan Pablo I y la sucesión más sorpresiva aún por Juan Pablo II, un desconocido Papa de origen polaco, joven y lleno de fuerza e ímpetu, que bien pronto se convirtió en un viento de cambio en la Curia roma. Joaquín Navarro Valls quedó sorprendido por el Papa a quien los obreros de los astilleros Lenin de Gdansk querían contar las razones de su lucha. Planteó entonces llevar las fronteras de la corresponsalía de Roma a la Europa del Este. Se trató no sólo de un acierto periodístico sino de una decisión que cambiaría su vida.

A la mesa de Juan Pablo II llegaron aquellas historias narradas en ABC de la revuelta obrera en Polonia con el primer perfil de Lech Walesa, el hombre de hierro frente a la Polonia comunista del general Jaruzelski. Joaquín Navarro Valls simultaneaba entonces su trabajo con sus responsabilidades como presidente de los corresponsales extranjeros en Roma. Pidió permiso al director de ABC porque lo consideraba importante para el prestigio del diario. Era un profesional reputado y prestigioso dedicado en cuerpo y alma a su corresponsalía. Pero nunca imaginó aquella mañana que una llamada requería su presencia de forma discreta en El Vaticano. Aquel Papa extraordinariamente vigoroso y atlético simplemente le preguntó si quería ser su portavoz. Joaquín Navarro Valls, estupefacto, no lo dudó. Juan Pablo II acaba de dejar sobre sus hombros la responsabilidad de transformar la Oficina de Prensa de la Santa Sede en una ambiciosa portavocía.

El descabellado plan del KGB

Durante más de dos décadas, Joaquín Navarro Valls fue testigo excepcional de la historia en momentos de intensidad dramática que tuvieron sus horas críticas en el descabellado plan del KGB para asesinar al Papa polaco a través de un sicario, Ali Agca. Más allá de anécdotas -campeón de tenis y reputado bailarín de tangos-, o de cuestiones relacionadas sobre su vida privada y sus convicciones religiosas como miembro numerario del Opus Dei, para quienes se empeñaron y se empeñan en la supuesta pugna sorda de intereses en El Vaticano, Joaquín Navarro Valls vivió en directo el ciclón que fue el papado de Juan Pablo II.

Ser jefe de prensa y portavoz de una personalidad tan prodigiosa le convirtió en testigo de días en los que se amasó la Historia, el nacimiento de una nueva luz ética. Cuando la vida de Juan Pablo II se apagó, la emoción sobrecogió a su portavoz. Pero pronto descubrió la personalidad fascinante de Benedicto XVI a quien considera como el Papa que requiere este nuevo siglo porque ama la inteligencia de hombres y mujeres y se atreve a pensar junto a ellos.

Las lecciones de Navarro Valls

Navarro Valls nos deja importantes lecciones como portavoz, periodista y comunicador. Sólo una profesionalidad que se funde en la paciencia, el estudio y la pasión puede ayudar a descomplicar un escenario sumamente complejo. A lo largo de estos años dio respuestas precisas a qué es lo que se hace en El Vaticano y por qué. Fueron años no fáciles porque El Vaticano, como cualquier comunidad laboral, cuenta con diferentes puntos de vista. Trabajar por lo tanto en libertad, como ha demostrado Navarro Valls, en un contexto de confrontación de diferentes puntos de vista, ayuda a mejorar las ideas personales y por supuesto el propio carácter.

¿Por qué se produce este relevo del que se han producido versiones tan peregrinas como la de su destitución fulminante por comparar en el viaje a España a José Luis Rodríguez Zapatero con el dictador Fidel Castro? ¿Supone acaso, como dicen otros, la recuperación de los jesuitas, hasta ahora en supuesta desgracia, y la pérdida de poder del Opus Dei en El Vaticano?
Sus jefes fueron papas
Los hechos son más tozudos de lo que parecen. Navarro Valls no fue el portavoz de un jefe de Estado o de un presidente del gobierno. Sus jefes fueron papas. Trabajó con personas como Juan Pablo II y Benedicto XVI, en estrecho contacto con ellos, viviendo día a día un desafío ético y un interrogante personal. Fueron vivencias extraordinarias que le han dejado huella como hubiera sucedido en cualquier otro periodista que hubiera estado en su lugar. Han sido además circunstancias excepcionales al trabajar primero con Juan Pablo II, empeñado en buscar de forma apasionada la verdad de las cosas y de las personas; y posteriormente con Benedicto XVI, el Papa que insiste en la importancia de aprender a pensar.

Cuando descubrió por primera vez aquella Polonia comunista que ponía en las ventanas las televisiones al revés para rechazar la versión oficial de la revuelta traidora de Lech Walesa, nunca pensó Joaquín Navarro Valls que su vida profesional viviría circunstancias tan extraordinarias. Lógicamente hubiera querido ser también testigo del Papa alemán tras el Papa polaco. Pero estima en la frontera de los 70 años que su vida profesional debe concluir. Benedicto XVI lo comprendió en su primera audiencia. Y muy cuidadoso como buen alemán en las formas y los pequeños detalles de la vida, quiso que su último acto fuera cruzar de nuevo este Mediterráneo que ha marcado tanto a Joaquín Navarro Valls para ser por última vez testigo de la llegada de otro Papa a España.