Los judíos y Benedicto XVI PDF Imprimir E-Mail
escrito por JAVIER MORÁN   
domingo, 30 de julio de 2006

Recién creado el Estado de Israel, en 1948, la Secretaría de Estado del Vaticano mandó un enviado al fiscal general, Naim Conh, para solicitar la revisión del histórico juicio en el que el Sanedrín había sentenciado a Jesucristo.

La Santa Sede pedía que fuera invalidado el veredicto final, de manera que, a continuación, reconocería la nueva nación hebraica. Conh despidió al emisario vaticano con cajas destempladas y comenzó así un tortuoso camino de desconfianza mutua que sólo fue suavizándose con el paso de las décadas.

Golda Meir visitó hacia 1973 a Pablo VI y al término de la entrevista manifestó que aquel Papa vivía fuera del tiempo. El Pontífice se había negado una vez más a reconocer a Israel, pese a que en 1965 el Concilio Vaticano II había aprobado el documento «Nostra Aetate», impulsor de la reconciliación con los judíos tras siglos de asignación a los hebreos de las desgracias padecidas por Jesucristo.

Juan Pablo II inició su pontificado con claras señales de simpatía hacia los palestinos y Yasser Arafat fue durante esos años invitado frecuente en el Vaticano. Hubo que esperar a 1994 para que la Santa Sede entablara relaciones diplomáticas con el Estado de Israel.

En el presente, ante la guerra desatada entre Israel y Hezbolá, en el sur del Líbano, el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado hasta el próximo día 15 de septiembre, ha resucitado ciertas prevenciones hacia los judíos al considerar desmedida su respuesta militar contra el terrorismo.

Mientras, el Papa Benedicto XVI se ha tentado la sotana blanca invocando el principio espiritual y general de que la paz es don de Dios, y sólo se puede orar por ella.

Si bien las actitudes de Juan Pablo II en política internacional permanecieron diáfanas durante su pontificado, todavía es una incógnita la línea que emprenderá el Papa Ratzinger. Los geoestrategas auguran que será «wilsoniano»: apelará a la intervención de los organismos internacionales y cederá en el uso del bilateralismo, específico de Juan Pablo II, particularmente en su estrecha relación con Estados Unidos.