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“Voy a México como representante del Santo Padre y sé cuanto amó Juan Pablo II a su país, ahí ha hecho una de sus primeras visitas. Ciertamente él iba al encuentro del pueblo y también de la Virgen, yo tengo la misma motivación”. “Por muchos años Juan Pablo II ha sido un gran modelo de hombre de fe, de oración y un misionero. Siempre me he considerado como misionero, espero serlo también en México, misionero de la buena nueva que Dios es amor como nos dice Benedicto XVI”, fueron las primeras palabras del nuevo Nuncio para México el Arzobispo Christopher Pierre, al recibir su nombramiento.
Pero hagamos un poco de historia: Las relaciones Iglesia Estado en México, han tenido sus ires y venires. Después de la conquista, los españoles pugnaron por una Nueva España católica. Para ello, muchos misioneros llegaron al nuevo continente comenzando a Evangelizar y a transmitir los principios del cristianismo y la obediencia a la cabeza de la Iglesia: el Papa.
Como parte trascendente y fuertemente consolidadora de la evangelización, la Virgen de Guadalupe se apareció a Juan Diego. Una virgen mestiza se mostró a un indígena. Una mujer embarazada revestida de diversos símbolos que los indígenas entendían bien, con un mensaje cristiano.
Este hecho fue la catapulta que proyectó la evangelización en América de forma sorprendente. Para la independencia México era completamente católico.
En el avance de la vida independiente de nuestra Patria, comenzaron pugnas entre liberales y conservadores, la masonería comenzó a fortalecerse en México, la Iglesia se presentaba como una institución poderosísima que fungía como educadora, formadora y hasta institución de crédito. Muchos grandes capitales dejaban su herencia a la Iglesia católica, confiando en que esta la administraría bien y ayudaría a los pobres.
México y el Vaticano tuvieron relaciones diplomáticas por última vez durante el imperio de Maximiliano de Habsburgo, a finales del siglo XIX.
Sin embargo, con las leyes de Reforma (Lerdo, Juárez, La Fragua…) se provocó una ruptura en las relaciones Iglesia – Estado, lo cual llevó también a una ruptura de las relaciones diplomáticas con el Vaticano. Los bienes de la Iglesia fueron confiscados, muchos de ellos quedaron en manos del Estado para servicio del pueblo de México, y muchos otros fueron “adjudicados” a políticos y gobernantes cuyo único interés era su propio beneficio.
Con la llegada de Porfirio Díaz al poder, no se suprimieron estas leyes, pero se hicieron a un lado y se regresó en cierta medida a la situación pre-reformista, donde la Iglesia volvió a ser protagonista esencial en la historia social del país.
Al estallar la Revolución, la relación Iglesia-Estado volvió a tensionarse fuertemente, al grado que en la Constitución de 1910 se incluyó la separación de la Iglesia y el Estado pero no solo, sino que se les quitó su derecho como ciudadanos a los sacerdotes y se le negó cualquier personalidad jurídica y por lo tanto de posesión de bienes a la Iglesia.
Pero Calles fue más allá, en 1926 promulgó una ley reglamentaria del artículo 130, por la cual la Iglesia quedaba supeditada al control del estado. Al protestar la jerarquía católica, Calles expulsó al delegado apostólico y a varios obispos, lo cual dio origen a la Guerra Cristera: al grito de “Viva Cristo Rey”. Este movimiento social terminó en 1926.
Más tarde hubo otros movimientos represores de la libertad religiosa como fue el cierre de templos en Tabasco, al cual le hizo frente la herencia de la Cristiada que fue el Movimiento Nacional Sinarquista.
Las relaciones Iglesia-Estado en México comenzaron a transformarse desde la década de los setentas, ya que en 1974 visitó el Presidente Echeverría al Papa Paulo VI y en 1976 se construyó la nueva Basílica de Guadalupe (con inversión del gobierno). Mas adelante José López Portillo, visitó extraoficialmente a cuarenta obispos mexicanos durante su campaña presidencial y recibió (de forma no oficial) en el aeropuerto de la ciudad de México a Juan Pablo II en su primera visita a México, además de que ofició una misa (tampoco oficial) en la residencia oficial de los Pinos para la familia y amigos cercanos del ex presidente. Paloma de la Madrid, asidua católica frecuentaba instituciones ligadas con la Iglesia siendo la primera dama de éste país.
A pesar de ello, hasta el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, la relación Iglesia – Estado fue de confrontación verbal e ideológica, aunque de hecho el pueblo mexicano siguió siendo católico, las escuelas privadas enseñaban religión y la vida en las comunidades eclesiales se llevaba con normalidad.
El viaje que Su Santidad Juan Pablo II Magno realizó en 1990 (en el cual hubo un encuentro entre el ex presidente Salinas y el Papa), sirvió como catalizador para que en 1992 se adaptaran las leyes a la realidad existente, por lo que se modificaron los artículos 3, 25, 123 y 130, con lo que se le reconoció personalidad jurídica a la Iglesia, su capacidad de poseer propiedades, su obligación de pago de impuestos y se refrendó la Libertad Religiosa en México. Esto llevó a un restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el Vaticano. Por ello Juan Pablo II regresó en 1993.
En 2007, se cumplen 15 años del restablecimiento de las relaciones Iglesia Estado. Desde el inicio, el Vaticano envió a su Nuncio (o embajador) a tierras mexicanas. Los nuncios hasta el momento han sido Girolamo Prigione, Justo Mullor, Leonardo Sandri y Giuseppe Bertello.
Sin embargo, hace unas semanas, el Vaticano anunció, que retiraba a Monseñor Giuseppe Bertello de la nunciatura de México por habérsele designado Nuncio en Italia. La expectativa comenzó a crecer ¿quién sería el nuevo Nuncio? ¿Qué línea traería? ¿Cómo serán las relaciones del Vaticano con México tras la salida de Bertello?
La incógnita ha sido despejada, Benedicto XVI ha nombrado un nuevo Nuncio, se llama Christopher Pierre, es francés y ha sido Nuncio en diversas partes del mundo (Uganda, Nueva Zelanda y Cuba entre otros). Nació el 30 de enero de 1946 en Rennes (Francia); fue ordenado sacerdote de su diócesis natal el 5 de abril de 1970 y el 12 de julio de 1995 fue nombrado Nuncio apostólico en Haití. En esa misma fecha le otorgaron el cargo de Arzobispo titular de Gunela. Ocupó el puesto de Nuncio apostólico en Uganda desde el 10 de mayo de 1999, para el fue designado por el extinto Papa Juan Pablo II. En 2004 se hizo cargo temporalmente de la representación del Vaticano en Burundi tras el asesinato en una emboscada el 29 de diciembre de 2003 de Michael Aidan Courtney, quien cubría el puesto.
El nuevo Nuncio está ya preparando su viaje a México y en entrevista para Notimex aseguró que “Ahora mi mente y mi corazón están dirigidos hacia México y su pueblo, tengo un gran deseo de empezar a compartir su vida y su fe”. Tras la designación el religioso expresó su tristeza al concluir ocho años de trabajo en África, donde encontró una Iglesia “muy viva” por el testimonio de los cristianos en circunstancias muy difíciles de pobreza y de violencia.
Entendiendo los tiempos políticos que vive México mandó el siguiente mensaje: “Como Nuncio estoy también enviado para encontrar a todos los que tienen una responsabilidad en el servicio de sus hermanos en el campo civil, saludo respetuosamente al presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa”, Indicó que tiene previsto reunirse también “con quienes participan en su Gobierno a todos los niveles en la nación (mexicana); estoy seguro que nuestros encuentros serán fructuosos y para el bien de todos”.
Conciente también de la trascendencia de la devoción mariana en nuestro país aseveró “Siempre me impresionó cómo la Virgen se manifestó a un mexicano hace 475 años, pero también como dejó su marca muy visible en el pecho de Juan Diego y después en el corazón de cada mexicano y mexicana. Voy a encontrarla y espero venerar su imagen”.
Sin duda es grande el reto del nuevo Nuncio en nuestro país, ante una sociedad cada vez más participativa, enterada y ávida de valores que puedan proyectar a México hacia una solidaridad profunda para ser protagonista en el concierto de las naciones.
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