Silencio en medio de todo el alboroto PDF Imprimir E-Mail
escrito por Católico Digital   
jueves, 18 de agosto de 2005

Centro-de-Reconciliación-en-la-JMJ
El centro de reconcialiacion se ha convertido en un oratorio muy visitado en donde los jóvenes se acercan al sacramento de la confesión.

Colonia, Alemania, 18 de agosto de 2005.- Los jóvenes peregrinos que desde el lunes pueblan las calles de Colonia llenan la ciudad con su alegría: cantan, bailan y ríen; dan gritos de júbilo, aplauden y entonan con fuerte voz coros hablados, tal y como es propio de una Jornada Mundial de la Juventud.

Pero en medio de todo este júbilo hay espacio para el silencio: en el Centro de la Reconciliación.  En los carteles a la entrada del pabellón 7 pone “Silencio”. Los jóvenes entran y se quedan en silencio. En la sala de preparación se arrodillan para meditar y concentrarse nuevamente en lo esencial. Muchos también se dirigen a la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud, que se ha erigido en primer plano junto al Icono Mariano. Tocan la cruz, se arrodillan y suplican el perdón de sus pecados.

Confesiones-todo-el-día-en-Colonia
Para el sacramento de la reconciliación se colocan ante uno de los carteles en su lengua materna. Las pequeñas mesas triangulares se han colocado a cierta distancia unas de otras para que la confesión sea un acontecimiento individual y personal. Los curas se toman tiempo para cada uno. Escuchan pacientemente lo que los jóvenes les confiesan. “¡Jesús te ama tal como eres!”, asegura el cura. Al final de la conversación otorgan el sacramento de la reconciliación y les perdonan sus pecados a los peregrinos.

En la Sala de Agradecimiento se expone lo más sagrado para su veneración. Allí vuelven a arrodillarse los creyentes para reflexionar sobre su confesión y ponerse otra vez a rezar. Al igual que en la Sala de Preparación, un grupo de voluntarios invita a meditar con canciones, textos de la Biblia y rezos. Sus canciones Taize instrumentadas para piano, flauta, violín y guitarra crean un ambiente muy animado.

Los jóvenes portan coloridos pañuelos de cabeza y sus respectivas banderas, pero su postura corporal y la expresión de sus caras reflejan su seriedad. Junto a la alegría y al desenfado públicos forman, pues, parte esencial de la Jornada Mundial de la Juventud la meditación y el recogimiento en privado y en silencio. (emz)