El seminarista vive la belleza de la llamada PDF Imprimir E-Mail
escrito por Católico Digital   
viernes, 19 de agosto de 2005
El-Santo-Padre-durante-su-encuentro-con-los-seminaristas
El Santo Padre dice a los seminaristas del mundo que hay que Amar hasta la entrega de sí mismo.

Colonia, Alemania 19 de agosto de 2005.- Bajo una intensa lluvia que no desanimó a los presentes, el Santo Padre explicó a los seminaristas que este encuentro lo quiso “para resaltar de manera más explícita y vigorosa la dimensión vocacional que tienen siempre las Jornadas Mundiales de la Juventud”.

Asimismo, remarcó que el seminario no es “tanto un lugar, sino un tiempo significativo en la vida de un discípulo de Jesús. Imagino el eco que pueden tener en vuestro interior las palabras del lema de esta vigésima Jornada mundial –Hemos venido a adorarlo– y todo el relato evangélico de los Magos, del que se ha tomado el lema. Este pasaje tiene un valor singular para vosotros, precisamente porque estáis realizando un proceso de discernimiento y comprobación de la llamada al sacerdocio. Sobre esto quisiera detenerme a reflexionar con vosotros”.

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"El seminarista vive la belleza de la llamada en el momento que podríamos definir de "enamoramiento". Su ánimo, henchido de asombro, le hace decir en la oración: Señor, ¿por qué precisamente a mí? Pero el amor no tiene un "por qué", es un don gratuito al que se responde con la entrega de sí mismo", dijo el Papa en el encuentro con seminaristas alemanes y de otros países, celebrado en la iglesia de San Pantaleón, de Colonia.

El Pontífice manifestó que el seminario es un tiempo destinado a la formación y al discernimiento y que la formación tiene varias dimensiones que convergen en la unidad de la persona, que comprende el ámbito humano, espiritual y cultural.

"Por ello es necesario un estudio profundo de la Sagrada Escritura como también de la fe y de la vida de la Iglesia, en la cual la Escritura permanece como palabra viva", agregó Joseph Ratzinger.

El Obispo de Roma señaló que el papel de los formadores es decisivo, "ya que la calidad del presbiterio en una Iglesia particular depende en buena parte de la del seminario y, por tanto, de la calidad de los responsables de la formación". 

Tras el encuentro el Santo Padre regresó al Palacio Arzobispal en Colonia.