No Elección
Si ninguna persona logra los dos tercios de los votos, ni tampoco la mayoría absoluta exigida por las cláusulas especiales para casos de elecciones difíciles, no hay elección. Si se trató de la primera ronda de una sesión, los electores proceden a votar de nuevo. Al término de la segunda sesión se queman las boletas de ambas sesiones, independientemente del resultado de las votaciones.
Al quemarse las boletas se les agrega paja mojada para que al ser quemadas el humo sea negro y así se anuncie al mundo que hubo una elección fallida. El humo negro sale por la chimenea de la Capilla Sixtina.
Elección
Si alguna persona fue favorecida con los dos tercios de los votos emitidos, o con la mayoría exigida por las cláusulas especiales para votaciones difíciles, entonces esa persona resulta electa. Los escrutadores, con el apoyo del Secretario del Colegio y los Ceremonieros, quienes son admitidos de nuevo en el recinto del cónclave, proceden a quemar las boletas a las que se le agrega un quimico especial para que el humo resultante sea Blanco. Esto anuncia al mundo que un Papa ha sido elegido.
Aceptación
Una vez que el Cardenal Diácono ha admitido de nuevo al Secretario del Colegio y al Maestro de las Ceremonias Litúrgicas Pontificias, el Cardenal Decano o el cardenal con precedencia de orden y edad se aproxima al cardenal electo y le pregunta:
¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice?
Si el elegido manifiesta su consentimiento, y si ya ha sido ordenado obispo, inmediatamente se convierte en el Obispo de Roma y Sumo Pontífice. Si el elegido no está presente, debe ser convocado. Si no tiene aún el orden episcopal, debe procederse a su ordenación antes de seguir adelante.
El Cardenal Decano pregunta enseguida:
¿Con qué nombre deseas ser llamado?
El Maestro de las Ceremonias Litúrgicas Pontificias, con los dos Ceremonieros (a los que se ha convocado previamente) como testigos, redacta un documento que certifica el consentimiento del elegido y el nombre que escogió.
Previo el cumplimiento de ciertas formalidades estipuladas en el ritual del cónclave, cada cardenal se aproxima por orden y rinde homenaje al nuevo Papa. Posteriormente, todos los presentes realizan una ceremonia de acción de gracias.
El Papa se reviste con sus vestiduras propias y entonces el Cardenal Decano, desde la logia de la Basílica de San Pedro, anuncia a la multitud reunida en la Plaza: Habemus papam (tenemos Papa) y da a conocer el nombre elegido por éste. El recién electo Papa sale entonces y se dirige a Roma y al mundo con la bendición Urbi et Orbi ( de Roma al Mundo).