Historia de la Guardia Pontificia PDF Imprimir E-Mail
escrito por Católico Digital   
domingo, 22 de enero de 2006

 

La modernidad y la Iglesia

El inicio de la modernidad, marcado por el resurgimiento de la cultura clásica greco-latina, la ruptura de la moral con el derecho y la política que desencadenó el proceso de reforma religiosa y el surgimiento del estado-nación, marcó el rol temporal del pontificado.

La convulsión europea caló muy hondo en la Ciudad Eterna, que terminó por amoldarse al fenómeno cultural del renacimiento –que, con su paganismo, atacaba al orden creado por la misma Iglesia durante la Edad Media- y la generación, definida, del absolutismo monárquico en cabeza del Papado, y por lo tanto la consolidación del Estado-Nación de la Iglesia.

Esta circunstancia llevó a que la Iglesia de Roma se transformara en uno de los actores políticos con mayor poder durante finales el siglo XV y comienzos del XVI y, por lo tanto generara recelo entre el resto de los monarcas europeos. Los papas, rivalizaban, así, con Francia, España, Inglaterra, Venecia, etc y para mantener su preponderancia tuvieron que valerse de disciplinados ejércitos formados, principalmente, por mercenarios.

Justamente, en este marco fue el Papa Julio II, llamado de nacimiento Juliano della Rovere, el pontífice más renacentista y absolutista de todos. Hecho de la Sede del Apóstol a la muerte de Pío III (1503), marco como objetivo de su pontificado devolver la independencia al papado.

Supo consolidar de manera bastante definitiva el poder temporal de la Santa Sede al controlar a los señores feudales que de continuo desobedecían la autoridad soberana del Pontífice y expulsó de su ámbito de poder a César Borgia. Julio II sometió a la ciudad de Bolonia. La resistencia de Venecia a entregar las ciudades pontificias anteriormente tomadas motivó la formación de la Liga de Cambrai -en la que participaban los franceses-. Los aliados derrotaron a los venecianos en Agnadello. Las ciudades de Perusa y Ravena pasaban a la órbita pontificia al tiempo que las posesiones milanesas de Parma y Piacenza eran anexionadas. Temeroso del creciente poderío francés, el pontífice concertó de manera separada una paz con Venecia y decidió atacar a sus antiguos aliados, los franceses, provocando la reacción de éstos, que tomaron Bolonia.

En el último año de su existencia, Julio II gozó de un amplio reconocimiento en Italia al aparecer como abanderado de la lucha contra los extranjeros, ya que tras las primeras victorias, los franceses tuvieron que retirarse de la península y el Papado recuperó sus antiguos territorios.

La independencia pontificia estaba asegurada. La labor de mecenazgo de Julio II no se limita a Miguel Angel ya que ayudó a otros artistas como Bramante o Rafael, siendo el impulsor de la construcción de la Basílica de San Pedro que hoy podemos admirar y el promotor de la creación del Museo Vaticano. Como jefe espiritual Julio II resultó un total fracaso mientras que como soberano temporal y protector de las artes se muestra como un gran triunfador.

Lo sucedió en el Pontificado Clemente VII, que continuó con la política de su antecesor hasta que el Emperador Carlos V de Alemania (I de España) impuso su modo de ver respecto del rol de la Iglesia y comenzó a decrecer el poder temporal del Papado.

La Guardia Suiza Pontificia: su creación

Algunos autores han interpretado que el origen de la célebre Guardia Suiza se produjo cuando el Papa Sixto IV (1471-1484) con ocasión de un tratado de alianza que había celebrado con algunos cantones suizos en 1478, dato que no ha sido comprobado.
Pero sin lugar a dudas fue Julio II, el que, para cumplir su programa de gobierno, encomendó al cardenal Mateo Schinner que solicitara a los cantones suizos de Lucerna y Zurich, el envió de soldados helvéticos que por aquella época gozaban de la fama de valerosos y experimentados guerreros. Durante los días 24 y 25 de septiembre de 1505 los señores nobles pusieron a disposición de Julio II (1503-1523) y del Pontificado los soldados cristianos más destacados de sus ejércitos con el objeto de defender y proteger a los Vicarios de Cristo.

El contingente llegó a Roma el día 21 de enero de 1506 y el día 22 se creaba el cuerpo de la Guardia Pontificia compuesto por ciento cincuenta valerosos suizos al mando del capitán Gaspar von Silenen.

Instalados en Roma, la tradición indica que el Papa solicitó a Miguel Angel el diseño del vistoso uniforme que –con algunas modificaciones- utilizan hasta el día de hoy.

Durante el conflicto político entre Carlos V de Alemania y Francisco I de Francia por quién el Papa Clemente VII (1523-1534) tenía preferencias, se produjo un gran enfrentamiento bélico que concluyó con el “Saqueo de Roma”. El día 6 de mayo de 1527, el ejército Imperial de Carlos V, del que formaban parte unos dieciocho mil lansquenetes, muchos de ellos luteranos, toman al asalto Roma y durante semanas sometieron a saqueo la Ciudad Eterna. El terrible episodio, que se inscribe en la segunda guerra entre el emperador Carlos V y el rey francés Francisco I, marcó el fin del papado renacentista en Italia. El Pontífice Clemente VII salvó su vida al refugiarse en el castillo Sant´Angelo, pero 147 de sus guardias suizos perecieron en su defensa, mostrando al mundo el valor y la fidelidad de los suizos para con el Papa.

Pablo III (1536-1549) volvió a formarla en 1548 con 225 hombres, uno de cuyos destacamentos fue enviado por San Pío V (1566-1572) a combatir contra los turcos en Lepanto, donde consiguieron arrebatar dos banderas enemigas. Disuelta por Pío VI (1775-1799) antes de partir al exilio en 1798 y forzado a ello por Napoleón Bonaparte, Pio VII volvió a formarla en 1801 pero con un total de sólo 64 soldados. León XII (1823-1829) lo aumentó a 200 en 1824 y siguió cumpliendo la misión originaria de la defensa del Papa.

El año de 1848 fue un hito en la historia del cuerpo pontificio, ya que en aquella fecha se produjo una revolución que prendía tomar el Quirinal, actuando decididamente el ejército con el objeto de defender aquél Palacio.

El 20 de septiembre de 1870, cuando las tropas italianas invadían la Ciudad Eterna, la Guardia Suiza se reconcentró en el Vaticano dispuesta a su defensa.
La última reorganización de la Guardia Suiza la hizo S.S. Juan Pablo II el 5 de abril de 1979.

 

Mi Vaticano