Algo más de dos millones de personas asistieron hoy en el parque «Blonie» de Cracovia a la misa con la que Benedicto XVI puso fin a su estancia en la ciudad de la que Juan Pablo II fue arzobispo, a los que pidió que sean fuertes en la fe, «ya que hoy, más que en otra época, es necesaria esa fuerza».
Fotogalería Video
Cracovia, Polonia 27 de mayo de 2006.-Benedicto XVI también les dijo, emocionado, que había venido a Polonia «porque me lo pedía el corazón», siguiendo las huellas de su querido amigo y predecesor Juan Pablo II.
Desafiando el barrizal que había en el parque debido a la intensa lluvia que cayó durante la noche, los cientos de miles de polacos llegados de todo el país no se desanimaron y acogieron al Papa con el mismo cariño con el que trataron a Karol Wojtyla las veces que volvió a este lugar en 1979, 1983, 1987 y 2002, cuatro de los nueve viajes que efectuó a Polonia.
Emocionado ante tanto cariño, ondear de banderas, algunas de ellas españolas- cánticos y vítores, Benedicto XVI les dijo que considera ya a Cracovia como «su» Cracovia» y en medio de interminables aplausos subrayó que esta ciudad es querida en todo el mundo, ya que de ella partió hacia el Vaticano Juan Pablo II.
«Vino de un país lejano», afirmó el Papa en referencia a la frase que pronunció Juan Pablo II en su primera aparición ante los fieles tras ser elegido Pontífice el 16 de octubre de 1978 («vengo de un país lejano...») y gracias a él Polonia se ha convertido en país querido por todos, precisó.
¿Por qué miráis al cielo?”
El Santo Padre meditó sobre la interrogante “Hombres de Galilea, ¿por qué miráis al cielo?” afirmando que “bajo esta pregunta está encerrada la verdad fundamental sobre la vida y sobre el destino del hombre”.
Sobre la realidad terrena dijo: “Estamos sobre la tierra, porque el Creador nos ha puesto aquí como coronación de la obra de la creación. El omnipotente Dios, conformemente a su infalible plan de amor, creó el cosmos, lo creó de la nada. Y tras haber realizado esta obra, llamó a la existencia al hombre, creado a su imagen y semejanza. Le agregó la dignidad del hijo de Dios y la inmortalidad.”
Haciendo referencia al pecado afirmó que “sabemos que Dios mismo no se resignó a una situación y entró directamente en la historia del hombre y esta se convirtió en historia de salvación”.
“Aquí experimentamos la fatiga de los viandantes en camino hacia la meta a lo largo de calles obstaculizadas, entre dudas, tensiones, incertidumbres, mas también en la profunda conciencia que antes o después este camino llegará a su fin”.
Llegado a este punto, el Pontífice inició la meditación sobre la segunda parte de la reflexión: “¿Por qué miráis al cielo? Estamos llamados, permaneciendo en la tierra, a mirar el cielo, a orientar la atención, el pensamiento y el corazón hacia el infalible misterio de Dios. Estamos llamados a mirar en la dirección de la realidad divina, hacia la cual el hombre está orientado desde la creación. Ahí está encerrado el sentido definitivo de nuestra vida”.
Alabanzas a Juan Pablo II
En una homilía llena de alabanzas hacia Juan Pablo II, su amigo Joseph Ratzinger, el hombre que estuvo a su lado 24 años y le sucedió en la Silla de Pedro pidió a los polacos que permanezcan firmes en la fe, precisando que la fe en Cristo no significa «ponerse en manos de una persona ordinaria, sino del Salvador».
«Es importante en qué creemos, pero es aún más importante en quién creemos», subrayó el Papa, que agregó: «Ser fuertes en la fe y ser fieles, ya que hoy más que en otra época es necesaria esta fuerza».
Ratzinger señaló que tienen que ser fuertes en el amor, «que es más fuerte que la muerte», fuertes en la fuerza de la fe, de la esperanza y la caridad, «sabedores que nos ayudan a establecer el gran diálogo con el hombre y con el mundo».
Benedicto XVI le pidió que testimonien el Evangelio en el mundo actual, llevando la esperanza a los pobres, a los que sufren, a los abandonados, a los desesperados, a los que tienen sed de libertad, de verdad y de paz, «ya que haciendo el bien al prójimo y mostrando interés por el bien común testimoniáis que Dios es amor».
Más adelante profundizó sobre la importancia de la fe, una fe que “es un acto humano muy personal, que nos realiza en dos dimensiones. Creer quiere decir antes que nada aceptar como verdad aquello que nuestra mente no comprende hasta el final. Hay que aceptar aquello que Dios nos revela sobre mí mismo, sobre nosotros mismos y sobre la realidad que nos rodea, también aquella invisible, infalible, inimaginable”.
“Un consentimiento a tal limitación de la razón no se concede fácilmente. Y es justamente aquí que la fe se manifiesta en su segunda dimensión: aquella de confiarse a una persona, no a una persona ordinaria sino a Cristo. Es importante aquello que creemos, pero aún más importante es aquél a quien creemos”.
Finalmente exhortó a los polacos presentes, citando a Juan Pablo II, a “ser fuertes en la fuerza de la fe, de la esperanza, de la caridad, conciente, madura, responsable, que nos ayuda a establecer el gran diálogo con el hombre y con el mundo”.
Concluida la misa recitó el Regina Coeli, que sustituye al Angelus en el tiempo de Pascua. Al final recordó la vigilia celebrada anoche en este mismo parque con un millón de jóvenes y los invitó hoy a no dejarse «persuadir de las ilusiones de este mundo».
Despedida
Benedicto XVI regresa esta tarde a Roma, pero antes visitará los campos de concentración y exterminio nazi de Auschwitz y Birkenau, a 60 kilómetros de Cracovia, donde murieron al menos 1,1 millones de judíos, más de 150.000 polacos y otros miles de ciudadanos, muchos de ellos gitanos, de varios países.
Se espera, que al igual que ya hizo en agosto del pasado año cuando viajó a Colonia (Alemania) y en otra ocasión en el Vaticano que condene duramente el nazismo.
|