Ven, sé mi luz, cartas de la Madre Teresa de Calcuta PDF Imprimir E-Mail
escrito por Católico Digital   
domingo, 08 de junio de 2008
Se publican la versión en español de las cartas que la religiosa escribió sobre el desierto espiritual que vivió.

Pese a lo dicho por los médicos, el bebé nació con el cerebro en estado sólido. "¡Milagro!", exclamó la familia, que durante meses había rezado a la Madre Teresa de Calcuta, mientras una ecografía tras otra mostraba que el niño no sobreviviría debido a sus sesos acuosos. Era el 2004 y la palabra llegó a oídos de quienes pretenden convertir a la misionera en santa. Los expertos en hechos de origen divino, sin embargo, pronto se dieron cuenta de que algo fallaba, que alguien había ampliado su catálogo de personas fallecidas a las que encomendarse: la suegra.


La abuela paterna del bebé había rezado también al Padre Pío. Eso lo cambiaba todo. "¿Y si fue por intercesión de él y no de ella quien curó el cerebro del recién nacido? No pudimos contarlo como milagro de la Madre Teresa", recuerda el padre Brian Kolodiejchuk, mano derecha de la misionera durante sus dos últimas décadas de vida y el postulador para canonizarla, tras la presentación en Madrid de Ven, sé mi luz (Planeta), un libro de cartas que acaba de publicarse en España y revela que esta mujer fallecida en 1997 tuvo una crisis de fe que le duró medio siglo.

"No me quiere, no existe"

"Yo prefiero no usar la palabra crisis --dice Kolodiejchuk, quien se ha encargado de la edición del texto--. Fue una prueba de fe, algo místico, porque ella le había entregado la vida al Señor, había tenido una experiencia de unión y después ya no la tuvo".

Es una cuestión de matices, pero la frase "en mi alma siento ese dolor terrible de pérdida, de que Dios no me quiere, de que Dios no es Dios, de que Dios realmente no existe", escrita por la candidata a santa, parece lo suficientemente contundente para echar mano de la expresión. Fuera una crisis o fuera una prueba, lo cierto es que se trató de algo llevado en absoluto secreto, algo solo conocido por el reducido grupo de destinatarios de esas cartas, algo, en definitiva, que la Madre Teresa no quería que trascendiera.

Dos milagros

¿Por qué, entonces, cuando ella ya había fallecido, decidieron publicar las misivas en contra de su voluntad? "Porque muestran la profundidad de su fe, muestran su santidad --contesta el padre Kolodiejchuk--. Y si no las publicábamos, en un momento en que la causa para su beatificación está abierta, podía parecer que estábamos escondiendo".

Así que Kilodiejchuk considera que las cartas --en las que pueden leerse sentencias como "en mi caso el silencio y el vacío son tan grandes que miro y no veo, escucho y no oigo" y "si alguna vez me convierto en santa, seré seguramente una santa de la oscuridad"-- beneficiarán a la causa de, precisamente, su santidad, un estado para el que son necesarios la demostración de dos milagros. Ella ya tiene uno: en 1998 una mujer india se curó de su tumor maligno tras colocarse una foto de la misionera en el estómago.

Podría objetarse que ha pasado poco tiempo desde que la religiosa murió, solo dos lustros, que documentos tan íntimos como los que ofrece este libro suelen publicarse décadas después de haber fallecido su autor, pero eso sería pasar por alto que con la Madre Teresa todo va muy rápido. Dos años después de su entierro en Calcuta, Juan Pablo II inició los trámites para beatificar a la premio Nobel de la Paz, condonando el precepto que dice que tiene que transcurrir, como mínimo, un lustro para dar el pistoletazo de salida a este proceso, el primer paso en el camino hacia la canonización.

"La reputación de santidad de la Madre Teresa era tan sólida que no hubo que esperar cinco años para iniciar el proceso".

La edición española de Ven, sé mi luz : Las cartas privadas de 'la santa de Calcuta'.