"Soy un ser humano como cualquier otro", dice Cardenal Juan Sandoval Íñiguez PDF Imprimir E-Mail
escrito por Católico Digital   
viernes, 28 de marzo de 2008
Cardenal
El Cardenal Juan Sandoval Íñiguez asegura que las acusaciones por la muerte de Juan Jesús Posadas han sido de los momentos más duros como Cardenal.
"Soy un ser humano como cualquier otro", dice Juan Sandoval Íñiguez, uno de los cardenales mexicanos más influyentes. El líder de opinión. El pastor que desde hace 14 años dirige la vasta Arquidiócesis de Guadalajara.

"Nunca he querido que la dignidad que tengo, los cargos que tengo, opaquen al ser humano", agrega.

Hoy, el Cardenal cumple 75 años —edad en la cual el Código de Derecho Canónico le obliga a presentar la renuncia a su cargo como Arzobispo— y piensa festejarse como siempre: con las "Mañanitas" a las 6:00 horas, una misa y el desayuno en su casa de Tlaquepaque.

Sandoval Íñiguez considera que, hasta el momento, su único legado para el pueblo católico es su trabajo y la voluntad de servir, ya que asegura no poseer ningún otro tipo de riquezas.

La casa donde habita, que ocupa un amplio terreno en el Centro de Tlaquepaque, es propiedad de la asociación religiosa.

El Arzobispo afirma que ha guiado su vida sacerdotal entendiendo que su labor como clérigo es llamar a la gente al orden, al cumplimiento de los Mandamientos y la búsqueda del bien común.

El purpurado explica que los problemas de México son también dificultades de la Iglesia, la cual toma esas complicaciones desde el enfoque de la moral.

"No nos toca a nosotros (opinar) acerca de si se reeligen o no se reeligen los diputados o los alcaldes, si gana este partido o el otro partido gana, eso no nos toca a nosotros", comenta, "pero en todos esos problemas tenemos que predicar la moral, o sea la decencia".

Una reciente encuesta de MURAL refiere que el 41 por ciento de los católicos en Guadalajara considera que el principal error de Sandoval Íñiguez como líder de la Arquidiócesis es hablar mucho de política.

En el ejercicio de su vocación, que comenzó en 1957 con su ordenación sacerdotal, Sandoval Íñiguez también ha sido vicerrector del Seminario, Obispo coadjutor de Ciudad Juárez y, desde 1994, tras la muerte de Juan Jesús Posadas Ocampo, Arzobispo de Guadalajara.

Las dificultades

Sentado en el recibidor de la casa del Arzobispado, el Cardenal recuerda que entre los momentos más complicados que ha vivido desde que está al mando de la Arquidiócesis están los reclamos por la muerte de Posadas Ocampo.

"Son los que me produjo el reclamo de la muerte del Cardenal Posadas", afirma, "ahí sentí que había en la sociedad cinismo, indiferencia y hasta hostilidad, porque reclamaba la verdad".

Posadas Ocampo fue asesinado el 24 de mayo de 1993 en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara Miguel Hidalgo. Sandoval Íñiguez siempre ha defendido la versión de que el homicidio fue producto de un complot.

"Siento que mucha gente sabía que era un crimen y no lo decía, y hasta se molestaban porque uno lo dijera", enfatiza.

El 10 de agosto del 2007, Sandoval Íñiguez aseguró que el asesinato de Posadas Ocampo fue ordenado por políticos vinculados al narcotráfico; dijo conocer los nombres de los responsables y sus motivos para cometer el crimen, pero no los reveló.

La insistencia del Arzobispo de que la autoridad dé con los responsables tiene una razón: saber a quién perdonar.

A raíz de una denuncia presentada el 8 de julio del 2003 por el ex Procurador Jorge Carpizo McGregor, la PGR investigó a Sandoval Íñiguez y otras personas por supuesto lavado de dinero. El 26 de diciembre de ese año la fiscalía exoneró totalmente al Cardenal y los demás, al no encontrar pruebas que les implicaran en el presunto ilícito.

Sandoval Íñiguez asegura que ese incidente no le preocupó, porque sabía que las autoridades no iban a encontrar nada contra él ni su familia.

"Ya sabía que no había nada detrás, que solamente era un expediente para silenciarme, para callarme (por el Caso Posadas)", asevera.

Para el Cardenal también fue complicada la "misteriosa" —como él la calificó— enfermedad de trombosis mesentérica que padeció en 1999, tras la cual le extirparon poco más de un metro de intestino.

Sandoval Íñiguez reitera que dicho padecimiento también fue provocado, es decir, fue producto de un atentado contra su persona.

"Pero lo demás ha sido más bien satisfactorio, llevar una comunidad cristiana que crece, rigorosa, un Seminario con muchos alumnos... el aprecio de la Santa Sede, las distinciones...", destaca.

Retos y satisfacciones

Para el purpurado, el reto es seguir cumpliendo con su labor hasta que el Papa Benedicto XVI lo indique. Como ya tiene 75 años, el prelado debe presentar su renuncia como Arzobispo, aunque seguirá en sus funciones.

Entre las tareas que realiza Sandoval Íñiguez como Cardenal está su participación en instancias como el Consejo de Administración de los Bienes de la Santa Sede, el Pontificio Consejo de la Cultura, la Comisión Pontificia para América Latina, y las congregaciones para la Vida Consagrada y la Educación Católica.

"Me siento muy realizado como ser humano, la única vida que Dios me dio siento que no se ha desperdiciado, también siento que Dios me ha favorecido con ganarme a servicios muy especiales, muy significativos", confiesa.