¿Se deben hacer obras, o basta solo la Fe? PDF Imprimir E-Mail
escrito por Católico Digital   
domingo, 26 de febrero de 2006
La sola fe no nos salva. Sostener que solamente la fe sin obras salva es negar lo que dice la Biblia. La fe se reconoce por sus frutos en beneficio propio y de los demàs, lo que incluye las obras, o de lo contrario no atenderemos la voluntad de Dios.

 

Dice San Pablo:

"El Evangelio manifiesta ‘cómo Dios nos hace justos’ (la justificación de Dios) por medio de la fe y para la vida de fe, como dice la Escritura: El justo por la fe vivirá." (Rom 1, 17)

No hay que hacer buenas obras, sostienen algunos con base en este texto y en otros posteriores de la misma carta (como Romanos 3, 28), pero pasan por alto este otro versículo que igualmente reposa en Romanos:

"El pagará a cada uno de acuerdo con sus obras" (Rm 2, 6)

Que Pablo está hablando de hacer la voluntad de Dios, es un hecho, como explica luego:

"Piensen que el Reino de Dios no es cuestión de comida o bebida, sino de justicia, de paz y alegría en el Espíritu Santo." (Rm 14, 17)

¿Lo ves? Reconoce el valor de las obras, como en 1 Co 13, 1:

"Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe"

San Juan nos pone en elerta acerca del engaño en que incurren quienes no obran la justicia:

“Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo.” (1 Jn 3, 7).

 

Hay que la Carta de Santiago. Toda ella. Porque allí se afirma:

"Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué le sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe?" (St 2, 18)

Exactamente tal como sostiene San Pablo:

"Pues todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir cada uno lo que ha merecido en la vida presente por sus obras buenas o malas." (2 Co 5, 10)

Siendo así, ¿de qué habla por Pablo en Romanos 4, 1-3?

"Hablemos, pues, de Abraham, nuestro padre según la carne. ¿Qué fue lo novedoso en él? Abraham fue justo ante Dios, y si lo hubiera conseguido por sus obras, podría ostentar sus méritos, pero no los tiene ante Dios. En efecto, ¿qué dice la Escritura?creyó a Dios, quien se lo tomó en cuenta ‘para hacerlo justo’ (para justificación)."

Pablo y Santiago no se contradicen, ni tampoco aquí Pablo se contradice consigo mismo. Cuando dice en Romanos 4, 1-3 que no fue por las "obras" que Abraham fue declarado justo, está hablando de los rituales externos como la circunsición (Pablo y Santiago comentan exactamente el mismo pasaje del Génesis cuando hablan de Abraham: Gn 15, 6, que Santiago relaciona con Gn 22, 9, la entrega de Isaac, mientras que Pablo relaciona con el capítulo 17, donde Abraham es circuncidado). De hecho, la expresión "obras de la ley" es un tecnicismo cuyo sentido es exactamente el acabado de señalar, tal como ha demostrado uno de los descubrimientos en los rollos del Mar Muerto (ver "Las 'obras de la ley' y la salvación" de James Akin).

¿O es que acaso puedes ser testigo de Jesucristo sin obras adecuadas?

"Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos." (Mt 5, 16)

Vimos que Pablo mencionaba a Abraham como ejemplo de justo que vive por la Fe. Pero no hay duda de que Dios le pidió a Abraham vivir en justicia haciendo el bien (ver Gn 18, 19).

Para entender el tema de la justificación, hay que leer el pronunciamiento del Concilio de Trento con el cual se responde esa tesis de la sola fide recién introducida por Lutero (ver Sesión VI, Celebrada en 13 de enero de 1547, DECRETO SOBRE LA JUSTIFICACIÓN).

El primer paso para la justificación es el reconocimiento de que somos pecadores llenos de limitaciones, cosa que eluden decir siempre los protestantes, olvidando la enseñanza expresa de Jesús al respecto. ¿Te acuerdas de la parábola del publicano y el fariseo?

"Mientras tanto el publicano se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: “Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador”. Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios (justificado) cuando volvió a su casa, pero el fariseo no. Porque el que se hace grande será humillado y el que se humilla será enaltecido.”" (Lc 18, 13-14)

En lo que tiene que ver con el mandato del amor, no nos confundamos ni nos dejemos confundir, porque es un mandato de justicia con nosotros mismos y con nuestros hermanos, no simplemente tener fe como quieren hacer creer los hermanos separados. Por eso dice Jesús :

"¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo hasta sobre la menta, el anís y el comino, pero no cumplen la Ley en lo que realmente tiene peso: la justicia, la misericordia y la fe. Ahí está lo que ustedes debían poner por obra, sin descartar lo otro. ¡Guías ciegos! Ustedes cuelan un mosquito, pero se tragan un camello". (Mt 23, 23)

¿Cuál es la clave según Jesús? "la justicia, la misericordia y la fe". Por eso sostiene Santiago:

"Pongan por obra lo que dice la Palabra y no se conformen con oírla, pues se engañarían a sí mismos. El que escucha la palabra y no la practica es como aquel hombre que se miraba en el espejo, pero apenas se miraba, se iba y se olvidaba de cómo era. Todo lo contrario el que fija su atención en la Ley perfecta de la libertad y persevera en ella, no como oyente olvidadizo, sino como activo cumplidor; éste será dichoso al practicarla." (St 1, 22)

Desde luego, las obras que valen son las que parten del amor de Dios, como frutos aptos de la semilla del Altísimo en nuestros corazones, pues ciertamente no será cualquier clase de obras las que nos allanen el camino al cielo, el cual no se compra, sino que se recibe conforme la infinita Misericordia de Nuestro Señor. El secuestrador que entrega dinero a los pobres no está haciendo nada, eso no sirve, porque a Dios no se compra. ¡Claro que no! (Hch 8, 18-24). Ya dijo el Concilio de Cartago que sin la gracia de Dios es imposible la realización de buenas obras.

Lee de nuevo la parábola del fariseo y el publicano en Lucas 18, 9-14. En medio de su oración el publicano (recaudador de impuestos para los romanos) reconoce que es un pecador y suplica la misericordia de Dios, con lo cual se demuestra que está en gracia. Somos pecadores, no somos capaces de dar la medida del Reino, únicamente la gracia de Dios para la cual no tenemos nunca suficientes merecimientos es la que nos salva.

"Tú ves que malo soy de nacimiento, pecador desde el seno de mi madre. tú quieres rectitud de corazón, y me enseñas en secreto lo que es sabio. con agua, y quedaré limpio; lávame y quedaré más blanco que la nieve." (Sal 51, 7-9)

¿Recuerdan eso de "Por sus frutos los conoceréis..." ? Pues por ahí se comienza a entender Romanos 1, 17 y 2, 6.

La misma lectura se encuentra en 1 Sam 26, 23:

"Yavé recompensará a cada cual según su justicia y su fidelidad."

Entonces ten cuidado, hermano, no caigas en el error a que quieren inducir los falsos profetas (Mt 7, 15-20; lee también St 3, 11 y Ga 5, 6).

Las que valen son las obras que se producen como frutos de la conversión, de la FE, pues es inimaginable que te conviertas y que luego no ejerzas la misericordia. ¿No ves que el mismo Jesús advierte que serás arrojado al fuego? Fíjate lo que dice Jesús en otra parte:

"Dirá después a los que estén a la izquierda: “¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber; era forastero y no me recibieron en su casa; estaba sin ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron.”" (Mt 25, 41-43)

Que las obras sean por la fe, o de lo contrario de nada te servirán. Pablo lo explica muy bien en 1 Co 13, 3:

"Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, si lo hago para gloriarme, sin tener amor, de nada me sirve."

En realidad, en la Carta a los Romanos Pablo se dirigía a un auditorio que incluía conversos del judaísmo que creían que haciendo determinados rituales de la fe judía estaban colaborando con su salvación, mejor dicho, aún seguían atados a la ley judía que pregonaba por ejemplo cuántos pasos podía dar un hombre el sábado y que, para algunos, significaba que siguiendo ciertos hábitos externos -como el reposo en sábado- se cumpía con la voluntad de Dios, siendo que todo eso terminó con la Nueva Alianza de Jesucristo. Pero las obras de misericordia jamás son rechazadas por Pablo (lee completo 1 Co 13).

¿Queda alguna duda? ¿Cuáles son tus obras, hermano? Tienes que hacerlas en el amor de Dios y sin descuidar a los tuyos (1 Tm 5, 8), sin olvidar que las obras por sí mismas no nos hacen mejores para el Reino, sino que es la gracia gratuita de Dios la que nos lleva luego de nuestro completo movimiento de voluntad hacia El (Rm 3, 24). Piensa bien, porque los ángeles de Dios, en el final de los tiempos, se llevarán al horno a todos los que obraron mal (Mt 13, 40-43; lee también Jer 17, 10)).

Digamos finalmente con San Pablo:

"Así, pues, hagamos el bien sin desanimarnos, que a su debido tiempo cosecharemos si somos constantes. Por consiguiente, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y especialmente a los de casa, que son nuestros hermanos en la fe." (Ga 6, 9; lee también Jn 15, 3-4 e Is 3, 10)