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Que el Papa (no uno en particular sino cualquiera de ellos –es decir, el papado en general–) es el Anticristo, es algo que he escuchado a muchos miembros de iglesias cristianas.
Algunos ejemplos:
Sólo tengo una pregunta: ¿entonces, si la Bestia tiene que venir de la Comunidad Papal Romana, es el próximo Papa o el siguiente?
Otro:
Se me ocurre pensar que la segunda Bestia del Apocalipsis se encuentra en Roma.
Otro:
Hace unos meses, por recomendación de una compañera de la oficina, visité una página argentina llamada “Conoceréis la Verdad” 1 . En ella encontré cosas tan negativas para la iglesia católica que quedé espantada; por ejemplo, hay un apartado en el cual presentan al Papa con un título que dice “Una imagen dice más que mil palabras”, y viene una foto del Jubileo de los Jóvenes, el Papa sentado en una silla con una cruz invertida (como antecedente explican que esta cruz simboliza todo lo opuesto al cristianismo) y dicen literalmente, que es el anticristo 2 .
Otro:
Quisiera que me dé una interpretación a las Escrituras del libro de Daniel, ya que estuve muy pensativo sobre este libro profético que utilizaron unos amigos adventistas para decir que la bestia es la Roma papal y, señalando la parte “era un hombre vestido de blanco y cabello blanco y suave como la lana que hablaba grandes cosas...”, hacen mención al Papa.
En estas preguntas hay un denominador común, que es el considerar al Papa como el Anticristo del que nos habla la Biblia. La última de las consultas es la más emblemática del uso que hacen algunos miembros de las sectas de la Biblia, tomando, de donde les venga mejor, cualquier texto, sacándolo de contexto, para aplicarlo según sus conveniencias. En este caso, el tema es interesante, puesto que me da la oportunidad para invitar al lector (si estas páginas tienen alguna vez alguno) a que tome el mismo texto y compruebe por sí mismo la pericia bíblica de estos predicadores o su “rectitud de intención”.
La profecía a la que se han referido estos “amigos” adventistas indicando al Papa como anticristo, se encuentra en el capítulo 7 de Daniel, conocido como “El sueño de las cuatro bestias”. Tiene esta visión dos partes: la visión de las cuatro bestias, de las cuales la cuarta es la más terrible; luego la visión del anciano (ése es el Anciano del que dice “su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza puros como la lana”), y luego una interpretación (versículos 15-28). Sobre esto hay que decir a quienes han hecho la capciosa aplicación pontificia:
1) El mismo libro de Daniel da la interpretación de las cuatro bestias: son cuatro reyes que surgirán de la tierra (Dn 7,17). La cuarta bestia, la más terrible y que por eso supongo que sus amigos adventistas quieren identificar con la Roma Pontificia, es el reino de Alejandro y sus sucesores, así como los anteriores son: el imperio de Babilonia, los medos y los persas. La interpretación hecha por estas personas es tan gratuita, como la de aquéllos que afirmaron que se trata de la Moscú soviética, o la Nueva York del imperio capitalista, o Pekín de Mao, etc. También podríamos decir (y con el mismo derecho de todos los que hablan por hablar), que es la sede central de los adventistas del séptimo día, pero como somos gente seria, tratamos de no hablar de lo que ignoramos.
2) El anciano de vestiduras blancas y cabello blanco no es el Papa sino Dios mismo, como lo describen con toda claridad los versículos siguientes: su trono son llamas de fuego, miles de millares lo sirven, etc., y él da el imperio y el honor al “Hijo del hombre”: v. 13 y 14. Jesucristo mismo se atribuye este nombre de “Hijo del hombre”, como se puede leer a lo largo de los Evangelios (por ejemplo Mt 8,20). El “Word Biblical Commentary”, que es protestante, en el tomo 30, al hablar de este pasaje dice: “una cantidad de descripciones de Dios sobre su trono de fuego rodeado de muchos espectadores coloca esta escena en el cielo”.
Si estos “amigos adventistas” creen que este anciano es el Papa, habrá que decirles que hacen un honor exagerado al Papa al identificarlo con Dios Padre; de lo contrario, habría que decir que es el Papa quien ha dado “el imperio, el honor y el reino” (v. 14) al “Hijo del hombre”, es decir, al Mesías. Lo que sí no puede decirse, si se lee el libro de Daniel sin vinagre en los ojos, es que esta figura sea el Anticristo.
Otros han intentado hacer la misma acusación apoyándose en el texto de Apocalipsis 13,18: Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666 . De aquí se deduciría que se trata del Papa, pues él es llamado “Vicario del Hijo de Dios”, frase que puesta en latín suena “VICARIUS FILII DEI”; teniendo en cuenta que los romanos usaban letras como números, si se suman las letras que en este título tienen número (la V= 5 –a la que habría que asimilar la U–; I= 1; la C= 100; la L= 50; la D= 500; las otras no corresponden a números romanos), tendríamos la cifra de 666. Algunos se han sentido turbados por esta exposición. ¿Qué decir al respecto? Que es un sofisma; por varias razones (no toco aquí el tema de la “numerología bíblica” que expondré más adelante al hablar de los “144.000 elegidos”):
(a) El texto del Apocalipsis (13,18) exige que la Bestia sea un hombre, no un cargo (podría ser también –así sostienen algunos– un grupo o sociedad, pero no parece serio hablar de un cargo que se sucede de generación en generación), y el ser Papa es un cargo que ya han ocupado en la Iglesia 265 papas. En este sentido, sería más razonable y más fácil de identificar si se dijera que la bestia del Apocalipsis es uno de los 18 reyes de Francia que se han llamado Luis, o cualquier otro Luis de este mundo, puesto que también este nombre en latín (Ludovicus), traspasado a números romanos suma 666 (L= 50, U= 5; D= 500; V=5; I= 1; C= 100; U=5; la S no tiene valor). Y lo mismo vale para la doctora adventista Ellen Gould White, etc. Es decir, es algo arbitrario. Además habría que ver por qué San Juan, escribiendo en griego, está pensando en un título en latín y en números latinos.
(b) En el mismo capítulo, Juan (vv. 5-18) describe la actuación de esta Bestia: Le fue dada una boca que profería grandezas y blasfemias, y se le dio poder de actuar durante cuarenta y dos meses; y ella abrió su boca para blasfemar contra Dios: para blasfemar de su nombre y de su morada y de los que moran en el cielo. Se le concedió hacer la guerra a los santos y vencerlos; se le concedió poderío sobre toda raza, pueblo, lengua y nación. Y la adorarán todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no está inscrito, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado (...) Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente. Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada. Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra; y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que le ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió. Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia . Quien quiera identificar al Papa con el Anticristo, tiene que demostrar en qué sentido se cumplen o se han cumplido o se cumplirán estos horrores en él. Y debería determinar en qué Papa se identifica el Anticristo. ¿En alguno del pasado? ¿En todos? ¿En uno futuro? Dicho de otro modo, ¿lo sabe a ciencia cierta o simplemente aprovecha esta imagen bíblica para insultar al Papado? Si no lo sabe con certeza, ¿se da cuenta de la tremenda gravedad de su acusación? Hacer una acusación de este porte, sabiendo que no es cierto, es una calumnia que hace al calumniador digno imitador de quien Jesucristo dijo que era “mentiroso desde el principio”; si no lo sabe a ciencia cierta y sólo es una conjetura suya, hace un juicio temerario ultrajante tan serio que transgrede gravemente el mandato de Nuestro Señor: No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá (Mt 7,1-2).
(c) Además, el Papa es sucesor de Pedro; si algún sucesor de Pedro fuera el Anticristo –aunque fuese cronológicamente el último de los Papas–, deberíamos ver fracasadas las promesas de Cristo que ya hemos citado más arriba (cf. Jn 21,15-17; Lc 22,31-32; Mt 16,18).
(d) Finalmente –entre los argumentos que podemos indicar– está la afirmación de Juan en su primera carta: Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros (1Jn 2,18-19). Juan siempre estuvo unido a Pedro, y después de la muerte de Pedro (Juan lo sobrevivió unas tres décadas, pues muere hacia el año 100 3 ), siguió unido a sus sucesores; debería haber acusado a alguno de los sucesores de Pedro contemporáneos suyos (los Papas Lino, Cleto y Clemente quien muere hacia el 99; algunos incluso suponen que san Pablo, quien muere poco tiempo después de Pedro, habría sido su primer sucesor). Si éstos no son el anticristo al que se refieren los adversarios del papado, entonces no es el Papado como tal sino algún Papa en particular; en tal caso, ¿cuál de ellos y por qué? Esperamos la interesante respuesta, con los debidos fundamentos para que podamos tomarla en cuenta.
Bibliografía: Edouard Cothenet, Anticristo, en: “Diccionario de las Religiones”, Herder, Barcelona 1987, pp. 88-89; B. Rigaux, Les Épitres aux Thessalonicens, Paris 1956, pp. 247-280; M. Miguens Angueira, Anticristo, en: “Gran Enciclopedia Rialp”, Rialp, Madrid 1989, t. 2, pp. 329-331; V. Ermoni,
Antéchrist , en: “Dictionnaire de Théologie Catholique”, I (2 ème ), París 1909, col. 1361-1365.
1 Se trata de una página conocida por sus constantes y ensañados ataques al Catolicismo.
2 No voy a tocar aquí el tema de esa cruz, que no es otra cosa que la cruz de San Pedro (Pedro murió crucificado cabeza abajo, como relata la tradición), razón por la cual en muchos monumentos y obras de arte se encuentra este símbolo. No es una “cruz invertida” en el sentido que los autores del artículo quieren darle al término “invertido” como “satánico” o blasfemo. Puede encontrarse un amplio estudio sobre este tema en la página www.apologetica.org 3 Cf. Llorca, García Villoslada, Montalbán, Historia de la Iglesia Católica, BAC, Madrid 1976, tomo 1, p. 124-125.
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