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El pontificado de Benedicto XVI |
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escrito por Jorge Luis Zarazúa Campa, fmap
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miércoles, 28 de febrero de 2007 |
 Benedicto XVI. Foto: Archivo. Cada Obispo de Roma es irrepetible. Después de la avasalladora figura de Juan Pablo II, Benedicto XVI inicia un pontificado que apuesta más firmemente por la Colegialidad Episcopal y la labor ad intra de la Iglesia, sin descuidar un fructífero diálogo ad extra, partiendo de círculos concéntricos y sobre las bases de la reciprocidad, el respeto mutuo y la disponibilidad para la escucha.
“Informe sobre la fe”
Empecé a conocer el pensamiento y la personalidad del entonces Cardenal Joseph Ratzinger a través del libro-entrevista realizado por el periodista italiano Vittorio Messori. Obviamente, después empecé a leer directamente sus obras teológicas y sus intervenciones como teólogo y como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Desde un principio me llamaron la atención algunas características suyas que me han parecido significativas al hacer un seguimiento de su pontificado.
La elección de su nombre
Está estrechamente ligado a Benedicto XV (1914-1922), el Papa de la Paz, el papa conciliador que buscó una solución pacífica a la Primera Guerra Mundial y que logró restablecer relaciones diplomáticas de la Santa Sede con Inglaterra y Francia y que envió un observador a la Conferencia de Versalles. Es un signo evidente de que Benedicto XVI tratará de evitar el choque de civilizaciones, pronosticado por Samuel Hungtinton.
Pero más notablemente la elección de su nombre está ligada a san Benito de Nursia (480-547). De San Benito, Juan Pablo II ha dicho atinadamente lo siguiente:
San Benito supo interpretar con perspicacia y de modo certero los signos de los tiempos de su época, cuando escribió su Regla en la que la unión de la oración y del trabajo llega a ser para los que la aceptan el principio de la aspiración a la eternidad: “Ora et labora, ora y trabaja”... Interpretando los signos de los tiempos, Benito vio que era necesario realizar el programa radical de la santidad evangélica...de una forma ordinaria, en las dimensiones de la vida cotidiana de todos los hombres. Era necesario que “lo heroico” llegara a ser lo normal, lo cotidiano, y que lo normal y lo cotidiano llegue a ser heroico. De este modo, como padre de los monjes, legislador de la vida monástica en Occidente, llegó a ser también pionero de una nueva civilización. Por todas partes donde el trabajo humano condicionaba el desarrollo de la cultura, de la economía, de la vida social, añadía Benito el programa benedictino de la evangelización que unía el trabajo a la oración y la oración al trabajo... (Juan Pablo II, Nursia, 23-3-1980).
En uno de sus libros, nuevamente fruto de una entrevista (Dios y el Mundo, del periodista Peter Seewald) el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, claramente influenciado por la experiencia benedictina, plantea la necesidad de crear espacios de convivencia en los que el trabajo, la educación, la ayuda mutua o la elaboración cultural, nazcan de la conciencia de pertenecer a Cristo; lugares definidos más por la conciencia de sus miembros, que por su anclaje físico a un territorio, siempre variable en nuestras inmensas ciudades; comunidades con una identidad bien precisa, pero unidas fuertemente a la totalidad de la Iglesia; centradas en una profunda experiencia de fe, y al mismo tiempo abiertas al diálogo crítico con el mundo y capaces de protagonizar una nueva misión en el contexto de la ciudad secularizada.
Discurso programático
Lo pronunció ante los cardenales el 20 de abril de 2005. En él, Benedicto XVI ha señalado puntualmente los temas que privilegiará durante el desempeño de su ministerio como Sucesor de Pedro: la unidad del Colegio apostólico, el Concilio Vaticano II como brújula para orientarse en el nuevo milenio, el Año de la Eucaristía, la caridad hacia todos, la unidad de los cristianos promovida con gestos concretos que interpelen a las conciencias, el diálogo abierto y sincero con los seguidores de otras religiones y con todas las personas que están buscando una respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia, el compromiso a favor de la paz y de un auténtico desarrollo social respetuoso de la dignidad de todo ser humano.
He aquí lo que dijo el 24 de abril, durante la Misa imposición del palio y entrega del anillo del pescador en el solemne inicio del ministerio petrino del Obispo de Roma:
En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. Algún rasgo de lo que considero mi tarea, la he podido exponer ya en mi mensaje del miércoles, 20 de abril; no faltarán otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.
Un aspecto significativo: no hubo ceremonia de coronación sino un solemne inicio de su ministerio petrino.
Su escudo papal
Es rico en simbolismo y significados, que tienen muchísima relevancia cuando recordamos que Joseph Ratzinger y, por tanto, Benedicto XVI, es un liturgo de primerísimo nivel. Por lo general, el escudo posee símbolos relacionados con la persona o la institución a la que pertenece, con su ideal, con sus tradiciones, con su programa de vida y con los principios que lo guían. Pues bien, ¿qué observamos en el escudo papal de Benedicto XVI?
Lo primero que destaca es que ha eliminado la tiara, que representó durante mucho tiempo la superioridad del poder espiritual y moral del Papa sobre el poder temporal o civil, y lo sustituyo por una mitra con tres franjas unidas entre sí, que representan los tres poderes de orden, jurisdicción y magisterio, para indicar su unidad en la misma persona: el Obispo de Roma.
Al escudo se la ha añadido el palio, que no sólo es símbolo de la jurisdicción papal; también es signo explícito y fraterno de compartir esta jurisdicción con los arzobispos metropolitanos y, mediante estos, con sus obispos sufragáneos. Por tanto, es signo visible de la colegialidad y de la subsidiariedad, que Benedicto XVI quiere vivir durante su pontificado.
El escudo tiene una forma de cáliz con dos capas de oro, que representan el ideal monástico (nuevamente nos remite a los benedictinos) y la religión. Todo el escudo evidencia que el Papa está consciente de su misión de pastor.
Encuentro con Hans Küng…
y con los Lefebvristas
Para conocer el talante de Benedicto XVI hay que notar que no ha rehuido el diálogo con uno de sus críticos más terribles, el teólogo suizo Hans Küng, sino que incluso accedió a reunirse con el obispo ultraconservador Bernard Fellay, que lidera a los lefebvrianos, excomulgados por Juan Pablo II.
Se trata de gestos muy elocuentes de reconciliación, que está dando frutos. Hans Küng ha escrito que tuvo con él una conversación fraternal el 24 de septiembre de 2005 por espacio de cuatro horas, y ha dicho que Benedicto XVI es “un pastor supremo más bien lento, que da pequeños pasos, que necesita tiempo y que intenta con pequeños cambios quizá poner en marcha grandes transformaciones; tiempos cortos de debate abierto en el último sínodo de obispos y la invitación a los cardenales a un intercambio abierto de opiniones han ofrecido al menos un principio de Colegialidad”.
La entrevista del Santo Padre con Mons Fellay fue el 29 de agosto de 2005. «El encuentro se ha desarrollado en un clima de amor por la Iglesia y de deseo de llegar a la perfecta comunión. Pese a ser conscientes de las dificultades, se ha manifestado la voluntad de actuar por etapas y en plazos de tiempo razonables», dijo el breve el comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, ese mismo día.
Su actuación en el Caso Maciel
El 19 de mayo de 2006 la Santa Sede hace pública la invitación al padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, a llevar «una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a todo ministerio público». La invitación se debe a las acusaciones contra Maciel «por delitos reservados a la competencia exclusiva del Dicasterio». Delitos que todo el mundo sabe están relacionados con abusos sexuales a antiguos seminaristas. Si tenemos en cuenta que, en no pocas ocasiones, la Iglesia opta por esconder lo más posible los escándalos de algunos de sus miembros para evitar una imagen negativa de la institución, esta decisión aprobada por el Papa indica la dirección correcta a seguir: la Iglesia no puede ocultar ni dejar de afrontar sus propios errores o pecados, los suyos como institución o los de sus miembros. Y no importa la relevancia de la persona implicada. El respeto y buen trato debidos a ésta no pueden estar reñidos con la exigencia de una vida coherente con el cargo y responsabilidad que asume dentro de la Iglesia.
Su primera encíclica:
Deus caritas est
Resulta muy relevante que su primera encíclica no trate directamente sobre cuestiones morales, institucionales o dogmáticas, sino que trate de explicar lo nuclear de la fe cristiana: que Dios es amor. No pocas veces a la Iglesia se le oye hablar más de cuestiones morales, en ocasiones discutibles o incomprensibles especialmente para los no creyentes, que de Dios mismo. La encíclica nos recuerda esta prioridad. Todo lo demás, deberá deducirse de esta feliz afirmación: Dios es amor. La encíclica está escrita con rigor intelectual, pero a la vez la sencillez pedagógica con la que fue escrita. Generalmente las encíclicas suelen citar casi exclusivamente la Biblia, los Santos Padres y los textos pontificios. Sin embargo, además de estas fuentes (la palabra de Dios y la tradición), Benedicto XVI cita, entre otros, a Nietzsche, Virgilio, Aristóteles, Platón, Gassendi, Descartes, Salustio… con los cuales parece querer dialogar desde la fe, pero también desde la razón. Un diálogo constructivo entre la fe y la razón que es necesario y prioritario para la Iglesia.
Los nombramientos
El nombramiento de Tarcisio Bertone, arzobispo de Génova, como nuevo secretario de Estado es significativo. Este es el tercer nombramiento de Benedicto XVI para la Curia romana. Los otros dos elegidos, William Levada (prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, y por tanto, sucesor suyo) e Ivan Dias (prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos), al igual que Bertone, eran reconocidos como buenos obispos en sus respectivas diócesis, San Francisco y Bombay. Ninguno de los tres era un diplomático de envergadura. Sus rasgos comunes son una alta cualificación intelectual y una eficiente y cercana labor pastoral, indicio de que Benedicto XVI prefiere más una Curia enfocada hacia las tareas evangelizadoras que a las cuestiones diplomáticas. Si se me permite la expresión, prefiere que la Iglesia sea eso, más Iglesia, y menos Estado pontificio. Mons. Bertone ha dicho que él desea más ser un secretario de Iglesia que un secretario de Estado.
Además, está reduciendo la burocracia vaticana uniendo varios dicasterios y pontificios consejos: El pasado mes de marzo, el Papa unificó el mando de los Pontificios Consejos de la Cultura y del Diálogo Religioso en manos del Cardenal Paul Poupard, y los de Justicia y Paz e Inmigración en manos del cardenal Renato Martino. Seguirán otras «concentraciones» de Consejos como Laicos y Familia, o de Congregaciones como Clero y Educación Católica, que se ocupa de los seminarios.
El tratamiento
a la polémica con el Islam
Benedicto XVI, que al inicio de su discurso reiteró "toda su estima y profundo respeto" por los creyentes musulmanes, dijo que el encuentro era para "consolidar los vínculos de amistad y solidaridad entre la Santa Sede y las comunidades musulmanas de todo el mundo".
"El diálogo interreligioso e intercultural entre cristianos y musulmanes no puede reducirse a una elección de un momento. Se trata efectivamente de una necesidad vital de la que depende en gran parte nuestro futuro", dijo.
El Papa señaló que "el respeto y el diálogo requieren de la reciprocidad en todos los campos, sobre todo en lo relativo a las libertades fundamentales y más particularmente a la libertad religiosa. Ello favorece la paz y el acuerdo entre los pueblos". |
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