«Tú eres Pedro» PDF Imprimir E-Mail
escrito por Católico Digital   
domingo, 24 de junio de 2007

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El Papa Pablo VI se presentó ante la Asamblea General de la ONU diciendo: Yo soy Pedro. El Papa Benedicto XVI puede decir lo mismo, como todos los sucesores del apóstol Pedro.

El Evangelio pone de relieve el amor decidido de Pedro a Jesús. Por él dejó la familia y la barca. Y si es verdad que Pedro negó a Jesús en los momentos dolorosos de su pasión, el perdón del Señor y el amor de Pedro han inmortalizado aquel bellísimo diálogo entre ambos, después de la resurrección de Jesús, en que éste le hace por tres veces la misma pregunta: «Pedro, ¿me amas más que éstos?», y Pedro le responde: «Sí, Señor, tú sabes que te amo». Ante esta reiterada respuesta, el Señor confió a Pedro el oficio de pastor supremo, a él y a sus sucesores.

Pedro fue uno de los primeros discípulos de Jesús y uno de los preferidos. Siempre lo encontramos al lado del Señor y haciendo de portavoz de los Doce. Pedro aparece en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles como una figura destacada entre los Apóstoles, por voluntad y elección personal de Jesús. Recordemos aquellas palabras del Señor que siempre son actuales y eficaces: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Te daré las llaves del Reino de los Cielos, y aquello que ates en la tierra será atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, será desatado en el cielo».

 
El nombre de Pedro que Jesús impuso a Simón significa roca, piedra, palabras que la Biblia aplica a Dios y a Cristo, respectivamente. Esto parece indicar que Simón Pedro participaría de la solidez y de la fidelidad de Yahvé y de su Mesías.
 
La función primacial de Pedro y de sus sucesores es de una capital importancia para la Iglesia católica, extendida de Oriente a Occidente. Constituye un servicio muy valioso para toda la Iglesia y para cada una de las Iglesias diocesanas.
 
 El ministerio del sucesor de Pedro no es algo externo a cada diócesis; pertenece a la vida interna de cada Iglesia particular como condición esencial sin la cual no sería verdaderamente Iglesia católica.
El Papa, como Pedro, confirma a sus hermanos en la fe. Santa Catalina de Siena llamaba al sucesor de Pedro el «dulce Cristo de la tierra», ya que su figura visibiliza la de Jesucristo, el Buen Pastor.
 
El ministerio petrino ha hecho efectiva siempre, durante veinte siglos, la promesa de Jesús, incluso en las épocas oscuras de la historia de Roma y del pontificado. Resuenan las palabras de san Ambrosio: «Donde está Pedro, allí está la Iglesia». Los cristianos, al unirse al Papa, según Newman -aquel anglicano que se convirtió al catolicismo y que está en proceso de beatificación-, descansan en la plenitud católica. El Concilio Vaticano II habla de la función eclesial del sucesor de Pedro y afirma que «es el principio perpetuo y el fundamento visible de la unidad, tanto de los obispos como de la multitud de los fieles».
 
Benedicto XVI es el sucesor de Pedro que ejerce este servicio en bien de toda la Iglesia. Con su magisterio y su guía lúcidos y paternales confirma en la fe a los pastores y fieles de todo el Pueblo de Dios.
 
Lo hace desde que hace ya más de dos años inició este ministerio. Hay una multitud de personas que ansían escuchar su magisterio, conscientes como son, por la fe, de que el Papa es el principio y el fundamento visible de la comunión eclesial.
 
Hemos de agradecer a Dios este valioso servicio de Pedro y de sus sucesores y, en concreto, el que está ejerciendo Benedicto XVI y hemos de rezar para que el Señor lo asista y lo conforte. Esto hay que hacerlo siempre, pero especialmente en la solemnidad de San Pedro.