Es la propuesta de una moratoria similar a la de las Naciones Unidas, para seguir aquel principio (la vida humana es sagrada siempre, si no se puede matar al asesino culpable, tiene valor también -y de una manera más fuerte- para el niño que todavía no ha nacido ni tiene culpa alguna).
La propuesta en este sentido fue adelantada por el famoso periodista e intelectual italiano Giuliano Ferrara, director del diario "Il Foglio".
Lo que sucedió es que esta propuesta de un "laico" que no es creyente, pero sí respetuoso de la Iglesia e interesado en los argumentos racionales de la fe, como los explica en su magisterio el Papa Benedicto XVI, tomó mas fuerza que aquellas que en estos años intentaron promover medios católicos y la misma Conferencia Episcopal de Italia.
Pero, la verdadera noticia no es esta. Es lo que ocurrió el lunes 7 de enero con el discurso de Papa Ratzinger al Cuerpo diplomático acreditado en el Vaticano.
Una ocasión internacional, en la cual Benedicto XVI hablaba al mundo ( no solo a Italia). En su largo discurso, Ratzinger dijo palabras muy fuertes sobre este tema, que se han podido referir también a la propuesta de una moratoria del aborto.
Después de hablar de los derechos humanos, añadió que "La Santa Sede, por su parte, no dejará de reafirmar estos principios y estos derechos fundados sobre lo que es esencial y permanente en la persona humana. Es un servicio que la Iglesia desea ofrecer a la verdadera dignidad del hombre, creado a imagen de Dios".
"Partiendo precisamente de estas consideraciones -dijo todavía el Papa- no puedo dejar de deplorar, una vez más, los continuos ataques perpetrados, en todos los continentes, contra la vida humana. Quisiera recordar, junto a tantos investigadores y científicos, que las nuevas fronteras de la bioética no imponen una elección entre la ciencia y la moral, sino que más bien exigen un uso moral de la ciencia".
"Por otra parte -añadió refiriéndose directamente a la moratoria- recordando el llamamiento hecho por el Papa Juan Pablo II con ocasión del gran Jubileo del Año 2000, me alegra que, el 18 de diciembre pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptara una resolución por la que se llama a los Estados a instituir una moratoria en la aplicación de la pena de muerte, y deseo que esta iniciativa estimule el debate público sobre el carácter sagrado de la vida humana".
Este es exactamente el punto en el cual, sin citar explícitamente la iniciativa del periodista italiano, el Papa quiso decir que en realidad la sustenta como lo hace con cualquier iniciativa que pueda abrir un debate internacional sobre el carácter sagrado de la vida humana, como la moratoria en la aplicación de la pena de muerte.
Lo que ha pasado estos años, en los países donde se ha introducido el aborto legalizado, es que la legalización se ha considerado, en el sentido común, como una legitimación.
Sin embargo, las dos cosas no coinciden: el aborto no es un "derecho", conserva algo negativo que cualquier Estado debe combatir buscando que no ocurra. Es algo dramático en la vida de las mujeres. El hecho de que la ley de un Estado legalice el aborto, no tiene que reducir la importancia de este asunto.
Por eso la petición del Papa tendría, por lo menos, que abrir un verdadero debate para que todos los países donde el aborto está legalizado puedan introducir más apoyos para la maternidad, para ayudar a aquellas mujeres que no disponen de medios para el sustento de un nuevo hijo. El autor es periodista italiano y vaticanista.