El derecho de palabra que se negó al Papa PDF Imprimir E-Mail
escrito por Andrea Tornielli   
viernes, 25 de enero de 2008
Lo que ocurrió los últimos días en Italia, el país en medio del cual está la Santa Sede, y en la ciudad de la cual el Papa es obispo, no tiene precedentes en la historia. Es algo increíble, que seguramente tendrá consecuencias en las relaciones entre el Estado y la Iglesia.

Antes de todo, los hechos. Benedicto XVI (quien es Papa pero antes de serlo fue un estimado profesor llamado a enseñar en las mayores universidades "laicas" de Alemania), recibió una invitación del rector de la universidad La Sapienza de Roma, el más antiguo ateneo de la ciudad, fundado por el Papa Bonifacio VIII en el año 1303.

Fue invitado a presentar una cátedra el día en que comenzaba el nuevo año académico. Profesores de Física, sesenta, de aquella universidad escribieron al rector diciendo que este Papa no tendría que ser recibido en la universidad por sus posiciones "oscurantistas" frente a la ciencia.

Estos profesores, que no saben hacer una investigación, citaron una conferencia que el entonces cardenal Ratzinger pronunció en febrero de 1990 en varias localidades de Italia (­y también en la misma universidad de La Sapienza!).

Atribuyeron al ahora pontífice una cita del filosofo de la ciencia Feyerabend, agnóstico y libertario quien, en un su libro, escribió que en la época del proceso contra Galileo la Iglesia fue más racional que la misma ciencia.

Pero, de lo que estos profesores no se percataron es que Ratzinger, unos párrafos después de utilizar esta y otras citas, muy claramente tomó su distancia, es decir que nunca hizo suyas las palabras de Feyerabend.

Los profesores críticos de La Sapienza, efectivamente, nunca leyeron el texto completo de Ratzinger, y solo tomaron aquella cita de la enciclopedia Wikipedia de Internet.

Junto con la postura de los profesores, empezó a darse una respuesta fuerte de grupos de estudiantes de la extrema izquierda y no global. Todo fue publicado con gran evidencia por la prensa.

Al final, el lunes 14 de enero (la visita del Papa estaba programada para el jueves 18), el ministro del Interior italiano -es decir el Secretario de Gobernación- Giuliano Amato habló por teléfono con el cardenal Secretario de Estado Tarcisio Bertone, pidiéndole convencer al Papa renunciar a la visita, porque si bien estaba garantizada su seguridad, no lo estaba el orden público.

Permanecía, entonces, la posibilidad de incidentes, de golpes entre la policía y los estudiantes, y entre los mismos grupos de estudiantes. Amato dijo también que sería mejor para el Papa decir que estaba enfermo aquel día.

Benedicto XVI escuchó y decidió cancelar la visita. Un acto políticamente genial, una demostración de gran responsabilidad. No fue miedo: el mismo Papa, en noviembre de 2006 fue a Turquía, estuvo en Ankara y en Estambul, bajo a la amenaza de atentados.

Solo que en Roma, en su ciudad, no quería que su visita fuera ocasión para incidentes.

La noticia fue hecha oficial el martes, a la cinco de la tarde. La decisión recibió buena respuesta por parte de casi todas las fuerzas políticas, sociales y académicas del país, llegaron manifestaciones de solidaridad.

Y con ello la protesta de los profesores y de los estudiantes se transformó en un verdadero boomerang. El domingo 21 de enero una gran masa de personas llegó en la plaza de San Pedro, al medio día, para solidarizarse con el Papa.

Lo curioso es que el discurso que Benedicto XVI había escrito para la lección académica es verdaderamente estupendo: el Papa se mostró mucho más abierto de lo que lo han criticado. Y mostró cuál es el punto de encuentro entre la fe cristiana y la universidad en la búsqueda de la verdad.

Esto que sucedió está destinado a permanecer como algo que no se podrá olvidar en la historia de Italia y del papado. Al obispo de Roma, al pastor universal de la Iglesia católica, al professor Ratzinger, no se le permitió hablar en la universidad fundada por un predecesor suyo.

El autor es periodista italiano y vaticanista.