Los que creemos en Cristo PDF Imprimir E-Mail
escrito por Roberto O’Farrill Corona   
viernes, 25 de enero de 2008

Se sabe que Cristo fundó una sola Iglesia, que pidió a sus seguidores que se amaran unos a otros y que eso les distinguiría de los demás; pero también se sabe que con los años hubo diferencias entre ellos, que acabaron en discusiones, enfrentamientos, rompimientos y separaciones, primero entre las iglesias de oriente y de occidente y luego en el seno de la Iglesia.

 

A todo seguidor de Cristo se le llama “cristiano”, pero a consecuencia de las divisiones, se ha tenido que agregar el nombre de la iglesia o grupo al que se dicen pertenecer. Así, hay cristianos ortodoxos, católicos, presbiterianos, luteranos, anglicanos, pentecostales, y muchos otros.

A partir de la proliferación de diversos grupos de inspiración cristiana en México, el término que fuese adoptado por los primeros discípulos de Jesús, se ha derivado equivocadamente en una denominación de tipo protestante y no católica, al grado de que “cristianos” ha llegado a ser una expresión peyorativa empleada por algunos grupos católicos fundamentalistas con cierto desdén hacia lo que es “cristiano” pero no “católico”.

En Europa y en Palestina, por el contrario, las comunidades cristianas conviven de manera ecuménica y se diferencian notoriamente de judíos y musulmanes, quienes les identifican como “cristianos” sin necesidad de establecer la diferencia de sus ritos o su pertenencia a determinadas iglesias.

Hace cien años, el padre Paul Wattson, un ministro protestante episcopaliano de Estados Unidos, tuvo la dichosa intuición de introducir el llamado “Octavario de oración” para la unidad de la Iglesia. Sesenta años después se transformó en la “Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos” que cada año es preparada conjuntamente por la Santa Sede y por el Consejo ecuménico de las Iglesias.

La primera vez que se celebró la Semana fue del 18 al 26 de enero de 1908 y desde entonces el movimiento ecuménico ha recorrido un largo camino sin que su inspiración deje de ser la oración, porque la unión de los cristianos no puede ser más que un don de Dios, que hay que pedir con insistencia, razón por la que para la celebración de la Semana de Oración de 2008, del 20 al 27 de enero, se eligió el tema “Oren continuamente”, sacado de la Primera Carta a los Tesalonicenses de San Pablo, quien subraya que la vida de la comunidad sólo prospera mediante una vida de oración que contribuye a su crecimiento espiritual, moral, social, cultural y que construye puentes de amor, de paz y de esperanza.

Durante la Audiencia General del miércoles 16 de enero, previa a la Semana de Oración, Benedicto XVI indicó que “es necesario orar sin descanso pidiendo con insistencia a Dios el gran don de la unidad entre todos los discípulos del Señor. Que la fuerza inagotable del Espíritu Santo nos estimule para un compromiso sincero de búsqueda de la unidad, para que podamos profesar todos juntos que Jesús es el único Salvador del mundo”.

Por su parte, el Subsecretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, Monseñor Eleuterio Francesco Fortino, aclaraba en entrevista concedida al Centro Televisivo Vaticano, que “se han dado muchos pasos en las relaciones entre los cristianos, pero no hemos llegado todavía a la plena unidad. Por eso, es necesario orar por la unidad. Juan Pablo II, en la encíclica Ut unum sint dijo que la oración por la unidad debe tener la primacía en las relaciones ecuménicas. Porque la unidad va más allá de nuestras posibilidades, es una gracia de Dios, es un don del Espíritu Santo”.

Al iniciar la Semana de Oración, el lunes 21, el arcipreste de la Basílica de San Pablo extramuros, el cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, presentó el programa para la celebración del Año Paulino, a celebrarse del 28 de junio de 2008 al 29 de junio de 2009, así como las iniciativas que tendrán lugar en la basílica romana.

Entre ellas destaca que “la capilla destinada al baptisterio, que se encuentra entre la basílica y el claustro, se transformará en Capilla Ecuménica, manteniendo la característica de baptisterio con pila bautismal por una parte, pero se destinará a ofrecer a los hermanos cristianos que lo soliciten un lugar especial de oración, tanto para rezar en grupo como para orar unidos a los católicos, sin celebración de sacramentos”.

Mientras tanto, queda como tarea pendiente en México que católicos y no católicos, aunque todos cristianos, logremos abandonar desdenes y aversiones mutuas para experimentar que una unión con Dios más profunda y verdadera es el camino más seguro para volver a crear la unión entre todos los que creemos en Cristo.